Miles de Bolivianos participaron de la Cruzada del Espíritu Santo en la Sede Nacional de Bolivia, en Santa Cruz de la Sierra.
Acompañe uno de los mensajes reveladores que se el Obispo Julio transmitió durante esta Cruzada Inolvidable:
Mejores que los demás, a causa de la soberbia que se desarrolló en su corazón.
Cuando comenzamos a sentirnos superiores por los frutos, honras, elogios o por ser usados por Dios, podemos olvidar que no somos los autores de los milagros; somos instrumentos en Sus manos.
El neófito puede caer en dos extremos: sentirse superior a todos o sentirse inferior a todos. La madurez espiritual trae equilibrio.
Abraham, Sara y David cometieron errores, pero el problema no está solamente en equivocarse, sino en no reconocer, confesar, abandonar y odiar el error.
No podemos entrar en “vacaciones de la fe”. Podemos disfrutar de las bendiciones de Dios, pero nunca debemos bajar la guardia espiritual.
La fe no nos permite acomodarnos. Ella exige de nosotros acción, razonamiento, oración, meditación en la Palabra y aplicación de aquello que Dios nos enseña.
Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió; y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca. Hebreos 10:23-25
Debemos mantener firme nuestra profesión de fe y estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras.
Si alguien o algo nos estimula al mal, debemos evitarlo, aunque sea una persona, un lugar, una amistad, un grupo de WhatsApp o incluso una red social.
Dios permite determinadas situaciones para despertarnos, sacudirnos y llevarnos a usar nuestra fe, humillarnos y mirar hacia nosotros mismos.
No se trata de condenar, sino de exhortar. La exhortación nos lleva a reconocer aquello que debemos cambiar y a acercarnos nuevamente a Dios.
Nuestra salvación está en juego. Por eso, debemos permanecer firmes, congregarnos, aprender de nuestros errores y mantener nuestros ojos en Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe.
