«Alégrense, oh justos, en el SEÑOR; a los rectos es hermosa la alabanza»
(Salmos 33:1).
Para aquellos que guardan impurezas en el corazón —como rencores, resentimientos, discordia, rebeldía, malos ojos, lascivia, malicia, avaricia y muchos otros sentimientos impulsados por el mundo—, no es hermosa la alabanza, pues la dicen de labios para afuera, pues en su corazón no alaban a Dios.
Por Cristiane Cardoso
